En la comunidad de San Francisco, distrito municipal Hato Damas, provincia San Cristóbal, el tiempo parece haberse detenido entre caminos intransitables y promesas incumplidas. Allí, donde la agricultura es el sustento principal, los productores enfrentan una realidad tan dura que, muchas veces, prefieren perder sus cosechas antes que intentar sacarlas al mercado.
El problema no es la tierra, ni la falta de trabajo. Es el camino.
Cuando llueve, el lodo convierte las vías en trampas casi imposibles de cruzar. Cuando no, el polvo y los hoyos hacen del trayecto una odisea.
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“No se puede transitar”, resume Oscar Figueroa Martínez, comunitario, al describir una situación que, asegura, lleva años sin solución.
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Acceso al agua potable
Pero si el acceso es difícil, vivir sin agua lo es aún más.
En San Francisco, el agua potable no es una realidad cotidiana, sino una necesidad histórica no resuelta. La comunidad, según sus residentes, nunca ha tenido acceso regular al servicio. A lo largo del tiempo han sostenido reclamos, reuniones y gestiones, sin resultados concretos.
Lo más desconcertante para ellos es que la infraestructura existe… pero el agua no llega.
Tuberías del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa) fueron instaladas en la zona. Están ahí, como una promesa a medio cumplir. Sin embargo, el proyecto no ha sido concluido, ni hay una fecha definida para su terminación.
“Los tubos están puestos, pero no vemos una luz a futuro. Todo se queda en cuentos y cuentos”, expresa Figueroa Martínez, reflejando el sentir colectivo.
Desconexión con las autoridades
La ausencia de las autoridades agrava el panorama. De acuerdo con los comunitarios, ni los responsables del sistema de agua ni los encargados de infraestructura vial han dado la cara en años.
Esta desconexión entre las instituciones y la comunidad ha generado una sensación de abandono. Mientras tanto, la vida sigue su curso en condiciones precarias.
La agricultura, principal motor económico de la comunidad de San Francisco, se ha visto golpeada directamente. Sacar los productos implica atravesar caminos que los deterioran antes de llegar al mercado. En muchos casos, las pérdidas son inevitables.
“Es mejor dejarlos perder en la parcela que sacarlos”, dicen con resignación, al referirse a los productos agrícolas que son cosechados en esa localidad.
El reclamo no es nuevo, pero sí urgente. Los residentes piden algo básico: acceso al agua y caminos dignos. Dos condiciones esenciales que, en pleno siglo XXI, aún no forman parte de su día a día.
- San Francisco no pide lujos. Pide lo mínimo para vivir con dignidad. Y, sobre todo, pide que las promesas dejen de ser palabras y se conviertan, finalmente, en hechos.
