Europa, Puerto Rico y República Dominicana responden a realidades climáticas distintas, pero este verano de 2026 comparten una preocupación: la disponibilidad de agua. Mientras la sequía europea alcanza dimensiones continentales y Puerto Rico enfrenta condiciones extremas y racionamientos, en territorio dominicano aparecen señales de déficit que las autoridades habían anticipado para el segundo semestre.
El contraste dominicano es notable. Las vaguadas de abril aportaron 360.47 millones de metros cúbicos al sistema nacional de presas y elevaron las reservas a 1,779.41 millones de metros cúbicos al primero de mayo, equivalentes al 88.15 % de la capacidad máxima nacional, según el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI).
Las reservas permitían garantizar agua para acueductos, riego y generación eléctrica. Sin embargo, tener las presas en buenas condiciones no impide que aparezcan problemas en sistemas que dependen directamente de ríos y otras fuentes superficiales.
Los ríos dan la señal
El 22 de julio, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) activó un plan especial de abastecimiento debido a la prolongada ausencia de lluvias en las cuencas de los ríos Duey e Isa-Mana, cuyos caudales disminuyeron significativamente.
La situación provocó bajas presiones e interrupciones temporales en Los Alcarrizos y Pedro Brand, además de Pantoja, Los Girasoles y residenciales de la avenida República de Colombia. La institución recurrió a camiones cisterna para abastecer las comunidades afectadas.
«Desde la CAASD estamos dando seguimiento permanente a esta situación y ejecutando las medidas necesarias para garantizar el abastecimiento de agua potable a la población mientras persistan estas condiciones climáticas. Nuestra prioridad es asistir a las comunidades que presentan mayores dificultades para recibir el servicio», expresó Felipe Suberví, director general de la institución.
La advertencia había llegado antes. El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) señaló el 25 de mayo que las proyecciones apuntaban hacia una disminución gradual de las precipitaciones y un mayor riesgo de sequía meteorológica durante el segundo semestre de 2026, asociado al posible desarrollo de El Niño.
El sector agropecuario también se preparó. El Ministerio de Agricultura incluyó la sequía y El Niño entre las amenazas de su Plan de Contingencia Agropecuaria 2026, destinado a reducir pérdidas productivas y proteger la seguridad alimentaria.
