El intelectual, politólogo y académico estadounidense Abraham F. Lowenthal, volvió a pisar suelo dominicano, ya medio encorvado por los efectos de la gravedad en su cuerpo, de pasos cortos, pero con memoria prodigiosa. A sus 85 años rememora la primera vez que estuvo en Quisqueya.
Cuenta que corría el año 1964, con apenas 23 años de edad, cuando conoció el primer Santiago de América. En aquel entonces trabajó con la Asociación para el Desarrollo de Santiago, una fundación filantrópica que presidía el ingeniero Tomás Pastoriza (Jimmy).
En la hidalga de los 30 caballeros conoció al sacerdote Agripino Núñez Collado, él lo invitó a impartir un curso de Ciencias Políticas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), casa de estudio que el pasado viernes lo invistió con un doctorado Honoris Causa.
En su visita al país, Lowenthal conversó con Diario Libre sobre Latinoamérica, los nuevos paradigmas socioeconómicos y el conflicto bélico en el Golfo Pérsico, entre otros tópicos.
—¿Tiene futuro el multilateralismo a la luz de la política exterior estadounidense?
Yo creo que va a ser increíblemente importante volver y reforzar el multilateralismo y organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, etc. Si no existieran estas organizaciones, que todavía existen, pero debilitadas; uno tendría que inventarlas porque obviamente es muy difícil manejar muchos temas importantes para los seres humanos, para el medio ambiente, el futuro de los océanos, el clima, no es simplemente el quién es dueño del petróleo, también hay tópicos de índole médica, de cooperación. El multilateralismo es muy necesario en la era Trump.
—La guerra EE. UU. vs. Irán está en una fase de tregua, estos países están dialogando: ¿cree usted que está cerca el fin del conflicto que tiene en vilo a gran parte de la humanidad?
Lo primero es establecer que esta guerra nunca debió comenzar, ni Irán ni Estados Unidos o Israel ganan mucho con un conflicto prolongado; hay mucha gente de estas naciones, líderes, tratando de ver cómo acaba esto en términos que sean positivos para los intereses de los países envueltos en la escalada militar. No tiene lógica mantener una línea ofensiva que ya ha cobrado tantas vidas y dejado tantas pérdidas materiales.
—Aparentemente hay desconfianza entre los actores que están negociando el fin de la guerra, sobre todo porque el presidente Trump parece ser un poco ambivalente en cuanto a sus objetivos, ¿qué opinión le merece?
Hay desconfianza como es normal en estos casos, pero Trump sí es bastante irregular. Él no tiene ningún problema en decir una cosa hoy, otra el martes u otra el miércoles, eso sí es muy irregular y da lugar a que el arribo a un acuerdo no sea una tarea muy fácil.
—Trump ha anunciado el regreso de la Doctrina Monroe ¿tiene esto sentido en pleno siglo XXI?
Tener una política de esta índole es cosa del siglo XIX. Hay muy pocos profesionales en la política estadounidense y militares que la respalden, porque es cuestión del pasado, el mundo cambió. Muchos amigos trabajaron en la comisión que permitió devolver a Panamá la soberanía sobre su canal, respetando así los límites territoriales y marítimo, como establece el derecho internacional. Ese tipo de acuerdos es que debe primar en la actualidad.
—El presidente Trump como el típico político outsider se impone al resto de los poderes del Estado, ¿eso no es peligroso para la democracia?
En el sistema que tenemos en Estados Unidos el Congreso es quien controla al Poder Ejecutivo, ha sido así desde el siglo XVIII y ha funcionado bastante bien, este es el más peligroso que hemos tenido, un Gobierno en que el Ejecutivo no está controlado por el Congreso, porque ellos también tienen el control del Congreso, eso ha pasado antes, pero nunca con alguien como Trump. El Poder Judicial realmente ha estado controlando al Ejecutivo, no en todo, claro está, pero en las decisiones importantes sí ha actuado contra las posiciones del Gobierno. En un caso hipotético de que tres de los jueces de la Corte Suprema se enfermen mortalmente mientras Trump sea presidente, ahí el oficialismo decide a quien poner y sería otra columna para el líder republicano… eso sí sería peligroso para la democracia.
—Habrá elecciones legislativas en noviembre, ¿podrán los republicanos mantener su mayoría en el Congreso?
Los republicanos tienen el control del Congreso por cinco o seis votos, pero no creo que eso vaya a durar más allá de las elecciones de noviembre. No tengo una bola de cristal, pero si uno estudia las tendencias o consulta a los electores, es muy obvio que los demócratas lo superarán en la próxima contienda de medio término.
—¿Cómo evalúa usted la política de seguridad de Donald Trump con relación a América Latina?
Yo quisiera entender cuál es la política de seguridad de Trump respeto a América Latina, porque una cosa es lo que él dice y otra la que hace y estas no son precisamente políticas. No la tuvo en su anterior gestión (2017-2021) y ahora tampoco parece tener una política. En Venezuela secuestraron al presidente Maduro y a su esposa y ahora están en un juicio en Nueva York; bajo los marcos del derecho internacional, eso es ilegal.
No estoy defendiendo a Maduro, estoy categorizando lo que ha pasado, y en el contexto del derecho, no creo que ese juicio dure mucho tiempo, porque en Estados Unidos las leyes no las dirige el presidente. Otra cosa es querer decidir qué hará Venezuela con su petróleo, a quien venderle sus recursos, no creo que eso vaya a durar mucho tampoco.
—¿Y qué hay de Cuba, es apropiada la forma en la que ha manejado la relación con la isla caribeña?
Desde el año 1961, Estados Unidos ha mantenido una política rara con Cuba, yo la llamo rara porque Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos, sin embargo, le mantiene un bloqueo innecesario. No hay un argumento racional que valide ese bloqueo; cuando no hay cohetes de la Unión Soviética, cuando esa nación no está enviando espías a Estados Unidos ni planeando una invasión. No estoy diciendo que el Gobierno cubano sea un gobierno perfecto, pero quién es Estados Unidos para esperar gobiernos perfectos.
Lowenthal trabajó dos años en el país, entre 1964 y 1965, con la Asociación para el Desarrollo de Santiago, también impartió un curso de Ciencias Políticas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), invitado por el fenecido sacerdote Agripino Núñez Collado.
Entre sus publicaciones más importantes destaca el libro “El desatino americano” en el que analiza la Revolución de Abril de 1965, la intervención norteamericana, el surgimiento del conflicto y sus consecuencias.
Al ser preguntado sobre cuáles cambios nota en Dominicana a lo largo del tiempo que tiene conociéndola, expresa: “Mi primera impresión es con los numerosos edificios tan altos, antes Santo Domingo no era así, ahora es una gran urbe”.
