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Entre finales de diciembre y los primeros días de enero, la muerte en República Dominicana fue apareciendo de formas distintas, inesperadas y, en muchos casos, difíciles de asimilar. Los hechos se sucedieron como escenas desconectadas pero unidas por un mismo hilo: la fragilidad de la vida frente a decisiones cotidianas, fallas estructurales y riesgos normalizados.

29 de diciembre: víctimas del cableado eléctrico

El 29 de diciembre, en plena vía pública, dos hombres murieron electrocutados cuando un cable del tendido eléctrico cayó sobre la camioneta en la que se desplazaban. El contacto fue inmediato y letal. 

No hubo tiempo para reaccionar ni posibilidad de escape. El vehículo quedó inmovilizado bajo la línea energizada, mientras testigos alertaron a las autoridades ante el peligro que representaba acercarse. El hecho puso sobre la mesa el deterioro del sistema eléctrico y la exposición permanente de conductores y peatones a cables sin protección adecuada.

30 de diciembre: baleado cuando miraba televisión

Un día después, el 30 de diciembre, la violencia irrumpió en un espacio que debía ser seguro. En El Seibo, un niño de cuatro años resultó herido de bala mientras veía televisión dentro de su vivienda

El disparo se produjo en medio de un hecho violento ocurrido en las cercanías, pero la bala terminó atravesando paredes y alcanzando al menor. El niño fue trasladado a un centro de salud y logró sobrevivir, pero el impacto fue mayor que el físico.

2 de enero: por dos mil pesos

El 2 de enero, el inicio del año quedó marcado por un hecho distinto, pero igualmente definitivo. En Puñal, Santiago, una discusión por una deuda derivó en disparos. Según los reportes, el intercambio verbal escaló rápidamente hasta que uno de los involucrados sacó un arma y disparó. 

La víctima murió en el lugar. No hubo mediación ni tiempo para calmar los ánimos. 

4 de enero: huía se agarró y tocó una estructura electrificada

El 4 de enero, en Moca, una persecución policial terminó de manera inesperada.

Una joven que huía de los agentes entró en contacto con una estructura energizada y murió electrocutada. No fue abatida por un arma ni atropellada. La descarga eléctrica la alcanzó en medio de la carrera, convirtiendo el entorno urbano en un campo minado invisible. 

5 de enero: dos fallecidos rescatando un mulo

Al día siguiente, el 5 de enero, el escenario cambió al este del país, en Miches. Dos hermanos murieron ahogados al intentar rescatar un mulo que había caído en un canal.

El animal luchaba por salir del agua y ellos reaccionaron sin pensarlo demasiado. Primero entró uno, luego el otro. Ninguno logró regresar a la superficie. La corriente y la profundidad fueron más fuertes. 

7 de enero: atacada por un toro en su vivenda

El 7 de enero, la tragedia volvió a repetirse, esta vez en Luperón. Una mujer murió tras ser atacada por un toro. El animal la embistió con fuerza, causándole heridas mortales

El hecho se complica porque la víctima se encontraba en su vivienda cuando fue atacada por el animal. Un encuentro inesperado con un animal.

Las autoridades indagan si hubo descuido por parte del propietario del animal, que habría permitido que el toro saliera del corral y llegara hasta la vivienda de la víctima.

7 de enero: Chocó un perro muerto

Ese mismo día, en la carretera que conecta Higüey con San Rafael del Yuma, otra mujer perdió la vida en un accidente tan insólito como fatal. La pasola que conducía impactó contra el cadáver de un perro que yacía en la vía desde hacía horas. 

La falta de iluminación y de señalización impidió que la conductora pudiera esquivarlo. No hubo otro vehículo involucrado. Solo un obstáculo abandonado en la carretera y una consecuencia irreversible.