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Nadie podrá decir que Pilar Rahola no dice lo que piensa cuando quiere y donde quiere. Es una de las voces (rotunda) más reconocibles del independentismo catalán. Y del feminismo. Y del movimiento antitaurino. Y… parecería que de cualquier movimiento que lleve la contraria al establishment. Hoy es una intelectual que lucha contra el antisemitismo. Participó en el VI Foro Latinoamericano contra el Antisemitismo, invitada por CAM (Combat Antisemitism Movement) celebrado en Santo Domingo recientemente.

—Y sin embargo usted no es judía. 

Creo que mi posición viene en que me formé en una familia republicana muy notable en Cataluña. Mi tío abuelo fue el primero condenado a muerte de Franco, la suya fue la primera condena a muerte que Franco firma tras un juicio militar. De manera que mi familia sufrió el zarpazo, digamos, del fascismo. Pero mi abuelo estuvo a punto de ser asesinado por unos anarquistas, con lo cual me he formado en una familia que sufrió la violencia de la extrema derecha y de la extrema izquierda.

—¿Era una familia, diríamos, de centro? 

Mi familia es liberal de convicciones muy profundas, estuvo siempre muy claro en nuestra educación el concepto de los derechos humanos como un concepto global. Es decir, tú no defiendes a uno o a otros, tú defiendes una manera de entender el mundo. Y en esa manera de entender el mundo para mi padre era muy importante la educación sobre el Holocausto, que en España era inexistente. Yo empecé a escuchar la palabra judío en el comedor de mi casa sin conocer un solo judío. Pero en el conjunto de valores que a mí me educaban, (mi lengua, mi identidad, el catalán estaba en aquel momento perseguido) había una presencia muy fuerte de nuestra identidad como pueblo. O mi defensa del feminismo, creo que mi padre es el primer feminista en mi vida. Y el tema judío como la metáfora máxima del odio, del discurso de odio.

De manera que la frase “los europeos matamos a tres cuartas partes de la población judía del mundo” ya la escuchaba con 15 años en mi casa. Incorporé la lucha contra el antisemitismo y el respeto por el pueblo judío como incorporé mi catalanidad, mi condición de mujer y mi lucha por los derechos humanos.

«El antisemitismo es sin ninguna duda el máximo destructor de la democracia: el momento que aprendes a odiar a los judíos aprendes a odiar a todos.»

—Hay quien cree que el Holocausto ya no es un tema que deba hoy regir las políticas.

Pasa algo muy curioso con el tema judío. Cuanto más aprendes, más descubres que todo el mundo opina sin saber nada. Muy joven empecé a leer, después hice un viaje a un kibbutz en Israel y sobre todo… me informé. Cuando toqué el tema hace treinta años, en mis primeros artículos en El País, me chocaba que gente que me quería por mis posiciones en el tema de la mujer, cuando hablaba del tema de Israel me decían “no pensaba que fueras así” o “nunca hubiera imaginado esto de ti”. Para mí, defender Israel como estado democrático en medio de una situación tan conflictiva y compleja me parecía natural. También es cierto que yo tuve una gran bronca con mis compañeros de la universidad porque leí El archipiélago Gulag, de Solzhenitsyn y me decían que eso era un libro de la CIA y que no había existido. Al final te formas de manera rebelde contra muchos dogmas. Porque yo vengo de posiciones de izquierda y en derechos civiles me siento progresista sin ninguna duda. Quizás en lo económico me siento más liberal. En la familia me siento muy tradicionalista porque mi padre nos educó con valores familiares conservadores.

Al final todos los bandos ideológicos te rechazan porque no formas parte del dogma. Me gusta esa posición de libertad, que es una oposición muy oscura, muy solitaria.

«El feminismo murió hace mucho tiempo.»

—¿Por qué la izquierda europea o los demócratas en Estados Unidos se sienten tan cómodos con el Islam? 

De entrada hay una tradición que viene del estalinismo, que en sus equilibrios geopolíticos, convirtió a Israel en el país colonizador, el país apartheid. Todos los conceptos que ha utilizado la izquierda vienen desde Stalin. Y eso se ha ido repitiendo en las universidades europeas durante 70 años. En mi universidad ya Israel era un concepto. Algunos decían, “no, los kibbutz son socialistas” pero empezó a haber un discurso de país imperialista porque era aliado a Estados Unidos y porque en los juegos de la geopolítica el estalinismo necesitaba a Siria, a Egipto, y por tanto no les cuadraba Israel. Ese es un primer elemento muy importante. Un segundo elemento es que una parte muy sustancial de la dogmática de izquierdas es antioccidental. No ama la democracia liberal. La expresión máxima de la cultura judeocristiana -de los valores occidentales- es la creación de la democracia liberal. Y el comunismo la odia porque está en contra de la libertad de mercado, en contra de la libertad de opinión, en contra de la libertad de expresión.

De manera que no es extraño que una parte de ese mundo occidental de izquierdas, en realidad sea muy profundamente antioccidental. Y han proyectado en el Islam todos los tópicos posibles. “El tercer mundo” dicen, cuando en realidad en el Islam hay más dinero que en Wall Street. Pero han proyectado todos esos mitos que tienen que ver en realidad con un odio profundo a sus valores. Entre el paternalismo, el buenismo, el odio profundo a las dos democracias más sólidas del planeta, que son Estados Unidos e Israel, hace que esto haga una amalgama explosiva que nos lleva al momento actual.

«Una parte muy sustancial de la dogmática de izquierdas es antioccidental. No ama la democracia liberal.»

—Pero se supone que el feminismo es uno de sus fundamentos, ¿cómo comulgan con la posición de la mujer en el Islam?

En la época en que se redactó la Carta de Derechos Humanos y empezaron los movimientos de lucha por los derechos humanos, desde Eleanor Roosevelt hasta hace poco, eran movimientos globales. Estabas contra el racismo. Estabas a favor de la igualdad de las mujeres, pero no solo si eran de uno u otro. Estabas en contra de la violación, aunque fueran israelíes. Es decir, eran conceptos globales. El wokismo, especialmente desde la época de Obama, añade un pero a esa concepción global de los derechos humanos: estamos en contra de la violencia de género, excepto si son israelíes porque son culpables. Estamos a favor de los derechos humanos pero con las mujeres afganas no nos metemos. Estamos en contra de las dictaduras pero sobre la iraní no tenemos opinión. Yo creo que Obama es el gran problema, la cuña que introduce todo este concepto en el Partido Demócrata, sumado al dinero de Qatar en las universidades y otras cosas…

Oriana Fallaci ya puso ese tema sobre la mesa. Es la periodista que se sacó el pañuelo con Jomeini, la que había estado en todas las manifestaciones en México cuando la matanza universitaria, en Grecia contra la dictadura de los militares. Pero fíjate que esa mujer, que con 15 años llevaba comida a la resistencia italiana en la Segunda Guerra Mundial atravesando el río Arno, después se convirtió en una apestada para las izquierdas por su posición en el tema del Islam.

—Es decir, ¿hay víctimas que no pasan el cedazo? 

Porque no están en el eje. Solo te interesa la víctima si la bala es israelí o americana. Pero si la bala era rusa, nunca te interesó. Si era afgana, si era iraní, nunca te interesó. De ahí el foco en el tema palestino porque detrás está el odio a Occidente y esa banalización de lo que significa el Islam. En realidad, el antisemitismo actual del siglo XXI se alimenta de tres fuentes. La clásica, que es la que viene de la cultura cristiana y del catolicismo. Luego está la islámica, no olvidemos que el Islam es fundacionalmente antisemita, y por último está la izquierda. Todo esto, con la globalización, explota.

«Oriana Fallaci se convirtió en una apestada para las izquierdas por su posición en el tema del Islam.»

—¿Todavía milita en el feminismo organizado?

Yo escribí un artículo muy duro en el que dije “ha muerto el feminismo”. Formó parte de toda mi vida de los movimientos feministas. Hace mucho tiempo que mi problema son las mujeres iraníes o las afganas y no las mías. Pero es que el feminismo murió hace mucho. Se ha convertido en un movimiento no de derechos humanos sino un movimiento ideologizado. Por eso no se manifiestan contra la destrucción de las mujeres en Afganistán. La brutalidad contra la mujer en Afganistán tendría que ser el primer motivo de lucha del feminismo en el mundo. Pero nunca viste una manifestación, un acto de solidaridad. Nunca viste nada.

Me dijo Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, primera mujer musulmana en lograrlo: “el feminismo hace mucho que nos abandonó”. Y lo hemos podido demostrar con las mujeres israelíes que han sido absolutamente abandonadas hasta la negación de sus violaciones. Hemos podido ver manuales de violación de la gente de Hamás y ni tan solo eso ha conmovido. Es un mundo ideologizado, no es cierto que luchen por los derechos.

«Las redes sociales son el éxito de Goebbels. Es la mentira viralizada.»

—¿Cómo explica que tanta gente odie a los judíos? 

Me lo preguntan a menudo. Y yo hago una comparativa casi matemática. En el mundo hay 15 millones de personas que son judías, en un mundo de ocho mil millones. ¿Cómo es posible que haya tanta gente que odie a los judíos? Si tú le preguntas a un habitante del Tíbet o de Kuala Lumpur o de Bolivia qué es Cataluña, no sabrán quiénes son. Si preguntamos qué son los escoceses, tampoco, seguramente ni los suecos. Pero todos saben que existen los judíos. No solo lo saben, sino que una parte de ese mundo ha encontrado un discurso de odio antisemita por alguna corriente. O porque es musulmán, o porque viene del catolicismo más clásico o porque viene de la izquierda.

Cuando hablamos de ocho mil millones que miran a los judíos, ¿cuántos de ellos los odian? Seamos generosos. El 20 %. ¿Cuántos tienen redes sociales? Pongamos solo dos mil millones. Es un fenómeno global con la viralización. Las redes sociales son el éxito de Goebbels. Es la mentira viralizada y además sin posibilidad de pararla en ningún momento. Es exponencial y es el reino de la estupidez. Es el rebaño, allí no hay individuos que piensen libremente. Hay gente que sigue los dogmas.

«El antisemitismo actual se alimenta de tres fuentes. La clásica, que viene de la cultura cristiana y del catolicismo. La islámica, no olvidemos que el Islam es fundacionalmente antisemita, y por último está la izquierda. Todo esto con la globalización, explota.»

—Pero si pregunta a todos estos odiadores, ¿por qué odias al pueblo judío?, ¿cuál es la razón que darán? 

En el caso más intelectual y más elaborado, que sería el caso de izquierdas, te van a negar ese concepto. De hecho, siempre te añadirán “yo tengo amigos judíos” o “veo las películas de Woody Allen”. A mí me dicen, “yo no odio a los judíos, odio a los sionistas”. Entonces han conseguido mutar el concepto antisemita con un concepto antisionista. Si vas a la raíz, la inmensa mayoría no saben qué significa. A mí me acusan de sionista. Yo no soy judía, no soy israelí. Puedo tener respeto por el sionismo, pero no es mi causa, no en el sentido intelectual. De golpe, en esta época de dilemas y de dogmas, es un dogma de fe casi, demonizador. Pero cuando yo me enfrento en debates en televisión, siempre les digo, ¿qué significa ser sionista? Y nunca lo saben. Cuando pongo sobre la mesa que el sionismo es el derecho internacional, es decir, es que el pueblo judío, el pueblo demonizado durante dos mil años, tenga la garantía del derecho internacional, que es el tener un Estado, entonces, se les desmonta.

«Yo creo que Pedro Sánchez es un inmoral, un tipo que no tiene convicciones. Que son probablemente los presidentes más peligrosos.»

España

—Vamos a la invasión sufrida por Ceuta. Esta teoría de la conspiración de que es el eje de Estados Unidos e Israel, apoyando al rey de Marruecos ¿qué sentido tiene para usted eso?

No tiene ninguno más allá de intentar resolver los conflictos más complejos con explicaciones simplistas. Israel se ha convertido en eso. Antes los judíos eran los que causaban las crisis económicas, las pestes. Ahora Israel es la responsable de todas las pestes políticas o militares del mundo. Esto, con un mínimo análisis, se desmonta por todos lados. Pero funciona como concepto. Javier Bardem sale en televisión diciendo que Israel es el culpable de que 70,000 tipos hayan entrado en la frontera, obviando los intereses del rey de Marruecos que van mucho más allá de sus relaciones políticas. Obviando el drama subsahariano que hay allí. Obviando la política exterior española que es demencial y que ha hecho un daño brutal a la proyección exterior española.

—¿En qué sentido? 

Se ha equivocado de alianzas. Se ha equivocado de eje. ¡Un presidente de gobierno al que lo felicita Hamas, Hizbolá o Irán o los turcos! Es equivocarse del lado del mundo. Pero todo esto que es lo que incide en la crisis se resuelve solo con lo que en tiempos de Franco se llamaba “la conspiración judeomasónica”.

«Si Cataluña tuviera estado propio yo no sería nacionalista en absoluto. Los nacionalismos de Estado me preocupan, no me gustan.»

—¿Sigue siendo profundamente independentista? 

Bueno, si nos entendiéramos bien como un pueblo con los pueblos ibéricos, es decir, con gallegos, vascos y por supuesto castellanos… Si España fuera una confederación como la Suiza yo me sentiría cómoda. No tengo necesidad como catalana de tener un estado más, siempre que se respetaran mis derechos como nación. El problema es que Castilla se forjó destruyendo los derechos mayoritariamente de otros pueblos. ¿Por qué un suizo italiano o un suizo alemán se siente suizo aunque sean tan diferentes y en cambio un catalán, muy a menudo, no se siente español? Por una situación de agresión. Es decir, mi idioma es el idioma que hace más de mil años que se usa. En esos mil años cada generación desde el 1714 ha tenido que luchar por poder hablarlo. Es un tema muy profundo.

Para mí la independencia es una opción posible política y soy fundamentalmente una defensora de mi nación porque creo que está en peligro. Si Cataluña tuviera estado propio y no tuviera problemas, yo no sería nacionalista en absoluto. Los nacionalismos de Estado me preocupan, no me gustan. Los catalanes somos fenicios. Somos gente de pacto. Somos comerciantes. Negociadores. ¿Por qué hemos llegado al punto de querer romper como quisimos en 2017? Porque agotamos todas las vías. Y de hecho ahora estamos muy mal.

—Pero en este momento a Pedro Sánchez es el nacionalismo catalán el que le mantiene en el poder.

No, Puigdemont rompió con él hace tiempo y lo que ocurre es que el tipo no se va. Pero sí que ahí están vascos y Esquerra Republicana por parte de los catalanes que lo mantienen.

—Su opinión sobre Pedro Sánchez es muy dura. 

Yo creo que Pedro Sánchez es un inmoral. Es un tipo que no tiene convicciones. Que son probablemente los presidentes más peligrosos, aquellos que se mueven en función de sus intereses. Este es un tipo que prometió llevar a Puigdemont y a toda la gente del independentismo encarcelado durante la campaña. A las dos semanas estaba intentando pactar para poder ser presidente. Este es un tipo que defendía al Sáhara y luego lo vendió a Marruecos en la primera campaña. Este es un tipo que se ha pasado la vida hablando contra la corrupción y ha tenido el gobierno más corrupto de la historia. Es un tipo que tiene la indecencia de irse de vacaciones cuando está quemando medio España. Un tipo se va de vacaciones y tiene la crisis más grave que se produce en Europa de transgresión de una frontera Schengen y no vuelve de vacaciones. No entiendo cómo los socialistas no se revuelven. El otro día vi a un socialista en un debate muy potente y le dije todo esto sobre Sánchez y alguien escribió “ya es el colmo que tenga que defender mejor España una independentista”. Mientras estoy ahí yo quiero que las instituciones sean fuertes y que el presidente sea un tipo que no se alíe con Irán sino que se alíe con las democracias liberales. Lo que no entiendo es que una parte de los españoles vinculados al PSOE estén callados solo por conservar su pequeña miseria.

«Pasa algo muy curioso con el tema judío. Cuanto más aprendes, más descubres que todo el mundo opina sin saber nada.»

—¿Cómo valora esta actividad en Santo Domingo? 

Creo que lo que ha hecho bien CAM es unificar a mucha gente que sin ser judía estamos preocupados por los valores occidentales y que estamos convencidos que el antisemitismo es sin ninguna duda el máximo creador de odio, el máximo destructor de la democracia: el momento que aprendes a odiar a los judíos aprendes a odiar a todos. El antisemitismo está en todos los momentos más trágicos de la historia de la humanidad. Cada vez que ha habido el tema del odio hacia los judíos, hemos tenido grandes conflictos mundiales. No leer la historia y no entender que cuando los judíos sufren nos están avisando de que la sociedad sufre la sociedad libre. Es el termómetro de la enfermedad: cuando un niño judío no puede llevar una kipá o una estrella de David, es que la sociedad está enferma.